lunes, 4 de noviembre de 2013

Erase una vez.

    Erase una vez una niña con la sonrisa más radiante que nadie jamás hubiera visto, le encantaba sonreír. Se sentía feliz la mayoría del tiempo y nadie le quitaba aquella sonrisa. Le encantaba ir al colegio, ya que era una niña sobresaliente. Tenía unos padres que la querían y confiaban mucho en ella, ya que nunca se había metido en ningún lío grave. Su vida era prácticamente perfecta. Pero la vida no es un camino de rosas. A veces hay alguna espina, y en otras ocasiones todas las espinas vienen de golpe.
    Todo comenzó un miércoles, era su primer curso de instituto. Ya se estaba empezando a acostumbrar a los horarios y a las clases de allí, ya que en el colegio era todo más relajado. Pero seguía sacando buenas notas y su sonrisa se mantenía. Pero ese miércoles cambió todo. Al llegar a clase, su grupo le guardaba el mismo sitio de siempre, pero ella notaba que se comportaban de una manera diferente. Cuchicheaban entre ellos y se reían demasiado. No le dio mucha importancia, ya que su grupo de amigos seguía igual. Pero, al llegar la hora de hacer Educación Física algo iba mal. Intentaban tirarla al suelo. Ella seguía corriendo, intentando ignorar aquellas zancadillas, empujones y risas, aunque resultaba un poco difícil, pero lo consiguió. Pero su sonrisa ya no era tan radiante como antes. Al llegar el recreo, seguían cuchicheando y mirándola de una forma extraña. Tenía miedo. Pero sabía que no estaba sola, las tenía a ellas, sus amigas. Ya en clase, estaba nerviosa e inquieta, temiéndose lo peor. Siendo tan optimista como era resultaba extraño. Pero gracias a su inquietud oyó de casualidad que iban a volver a la carga al final de las clases. Se puso muy nerviosa, pero intentó mantener la calma. Al final de las clases le dijo a sus amigas que hoy tenían que ir más rápido. Ellas dijeron que se fuera sola, que no iban a correr porque ella lo necesitara. Les explicó la razón del por qué se tenía que ir más rápido. Ella creía que dirían que la compadecerían, estaba claro que ayudarían a su amiga, o no. Se miraron unas a otras y dijeron, "no queremos meternos en líos, es problema tuyo". "Es problema tuyo".No sabía cómo reaccionar, ya que nunca se hubiera esperado esa reacción. Más tarde se daría cuenta de que una de sus "amigas" sabía todo lo que le iban a hacer. Se fue sola, corriendo hacia su casa, suerte que vivía cerca. Cuando ya estaba muy cerca de su portal, oyó unos gritos a su espalda, ahí estaban. Si no se daba prisa la alcanzarían.Corrió todo lo que pudo, y cuando por fin entró a su portal y cerró la puerta se sintió más segura. Calcó con tranquilidad el botón del ascensor, y cuando por fin llegó y comenzaron a cerrarse las puertas para subir a su casa oyó un golpe. Un golpe muy fuerte. Miró hacia la puerta y les vio, ahí estaban. No la habían alcanzado, pero por los pelos. Al llegar a casa se sintió aliviada, muy aliviada, pero también decepcionada. Al día siguiente sucedió lo mismo y así un día y otro... Su sonrisa se iba gastando poco a poco hasta el punto que se borró por completo.
    A día de hoy esta chica ha bajado mucho en las notas, odia mucho, muchísimo el instituto, pensando que cualquier día le va a pasar otra vez. Ya no sabe sonreír, después de tanto tiempo se le ha olvidado. Ha tenido muchos problemas con sus familia y amigos, y aunque tenga a sus amigos ahí, sabe que no puede contar con ellos porque, al fin de al cabo estás sola, completamente sola.

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